El asunto del santuario fue la clave que aclaró el misterio del desengaño de 1844. Reveló todo un sistema de verdades, quien formaban un conjunto armonioso y demostraban que la mano de Dios había dirigido el gran movimiento adventista, y al poner de manifiesto la situación y la obra de su pueblo le indicaba cual era su deber de aquí en adelante… entonces, en el Lugar Santísimo contemplaron otra vez a su compasivo Sumo Sacerdote que debía aparecer pronto como su rey y Libertador. La luz del santuario iluminaba lo pasado, lo presente y lo porvenir. Supieron que Dios los había guiado por su providencia infalible. |